01 julio, 2006

2 de Julio. .. HAGAMOS UN CAMBIO






Heeey.... Que rooock A veces México duele Mansamente insoportablemente Como esa lanza que atraviesa el cuerpo al recibir un correo electrónico con las palabras "es usted una pen..., apoya al Peje, se cree muy inteligente, pero no hay ninguna diferencia entre un idiota anciano jodido que apoya al Peje por hambre y usted, es una basura váyase a la ver... pen...". Y como ésa, tantas otras palabras cuchillo. Palabras que van arando las viñas de la ira en vez de abonar el campo compartido. Porque México se ha convertido en el país de todo o nada. Hay que votar por Felipe Calderón o sobrevendrá el caos, dicen unos. Hay que votar por Andrés Manuel López Obrador o México seguirá siendo una plutocracia, dicen otros. Va a destruir al país, dicen unos. Va a entregar al país El populista vs. el derechista. El mesías vs. el pirrurris. El hombre peligroso para la derecha vs. el hombre capturado por la derecha. Así se ven ambos bandos. Así se desprecian ambos grupos. Toda la razón con quienes apoyan a Calderón o toda la verdad con quienes idolatran a su adversario. Lanzando diatribas, aventando calificativos, pavimentando el camino para la confrontación. Spots van y cajas vienen. Insultos van e insultos vienen. "Mentiroso", "corrupto", "fascista", "ignorante" reiteran tanto los panistas como los perredistas Todos, combatientes enardecidos. Los que ven a Hitler resucitado o a Echeverría mimetizado. Los que erigen hombres de paja y los queman en la hoguera de la indignación tribal. Los que no entienden que hay dos lados en cualquier argumento. Aquellos que cierran los ojos frente a las verdades incómodas que tanto panistas como perredistas se niegan a reconocer. Quienes aborrecen a López Obrador necesitan entender lo que explica el éxito de su candidatura. AMLO no encabeza las encuestas sólo porque engaña a los de abajo; sólo porque "dice lo que los pobres quieren oír"; sólo porque "se aprovecha de la ignorancia de la gente". Su arraigo es síntoma de problemas profundos que muchos mexicanos simplemente no desean confrontar. Es síntoma de una forma de ejercer el poder y concentrar la riqueza que muchos grupos privilegiados no creen que sea urgente cambiar. Como explica The New York Times, hay razones por las que el tabasqueño molesta tanto a unos pero es abrazado por otros. La mitad del país vive con menos de 400 pesos al día. El 10 por ciento de la población concentra el 45 por ciento de la riqueza. Cuarenta por ciento de las empresas y 70 por ciento de los profesionistas no pagan impuestos o hacen trampa para evadirlos. El país de privilegios y de quienes no quieren perderlos es real. Existe. Está allí. Consagrado en el Acuerdo de Chapultepec que no menciona la palabra "competencia". Consagrado en la nueva ley de radio y televisión que busca, precisamente, frenarla. Los evasores de impuestos que no quieren comprometerse a pagarlos. Los contratos otorgados de manera discrecional bajo el arropo de "la normatividad existente". El neoliberalismo mal instrumentado que preserva en vez de transformar. Las privatizaciones que transfieren monopolios y no los desmantelan. Los bonos navideños y los sueldos desorbitados y la rapacidad de quienes trabajan para el Estado, pero se embolsan partes de él. El gobierno como botín repartido. Quizás AMLO no tenga la mejor receta para remediar esos problemas, pero tiene el mérito de decir que existen. Mérito que también demuestra Calderón al subrayar la continuidad con políticas que han funcionado. La disciplina fiscal y la liberalización comercial y la estabilidad macroeconómica. El reto de la globalización ineludible y cómo aprovecharla. Todo lo que vincula a México con el mundo. Todo lo que otros países modernos han adoptado y para bien. Todo lo que promueve la competitividad en un entorno internacional donde se paga el precio de ignorarla. Esa ruta que México debe recorrer sin atajos si quiere avanzar, si quiere prosperar, si quiere dejar de ser como siempre ha sido. Y los peligros que México enfrenta para llegar allí son reales. El predominio del Estado benefactor por encima del Estado promotor. Los sexenios saboteados por presidentes demasiado fuertes o demasiado acorralados. La persistencia de un México que se mira al ombligo en vez de mirar al horizonte. La corrupción como forma de vida. La incapacidad para pensar más allá del candidato o el partido o la clase social. Ante ese país en disputa, López Obrador ofrece la refundación imaginada pero inviable y Calderón el reformismo reconfortante pero insuficiente. Ante esa realidad en la que ambos tienen algo de razón, la obligación ciudadana es recordarlo. Pelear menos por el candidato y más por el país. Atte.- Julián Quiroz “Zmeu”